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Saber perder, de David Trueba

Lo que digo yo:

El año pasado me traje este libro a mis tierras. No me lo leí. En diciembre empecé a leerlo. Lo dejé. En marzo lo retomé. En mayo lo perdí (juego irónico, pero real, de la vida, lo supe perder…) y unos días antes de viajar El Hubby lo encontró.

O sea, que si sumamos desde mi primer intento (me salto el viaje transocéanico) me ha costado seis meses acabar con él. Ahora intento explicar por qué:

Tiene una trama interesante, pero resulta que tras 300 páginas te das cuenta que tampoco es una “gran” trama. No es especialmente original, ni tiene giros espectaculares que te dejan boquiabierto.

Es una historia como cualquier otra, así que esto no es su mayor cualidad.

Los personajes son curiosos, típicos pero con un pequeño giro. La adolescente, pero astuta; los padres divorciados, pero se llevan bien; los abueletes cascados de la vida, pero que siguen tirando; el jugador de fútbol, pero culto y visitador de museos. Pero muchas de las ideas, buenas, que tiene, las deja en enunciado. La acción no avanza gracias a los personajes, sino que o ya les pasaron las cosas, o lo que les pasa parece tan poco grave que no genera mucho interés.

Está bien escrito, pero en presente. Así, al menos a mí el entender lo que iba pasando, y el orden en que iba pasando, me pareció un esfuerzo adicional que prefiero no tener que hacer. O sea, el uso de palabras complejas y construcciones rebuscadas me pareció un artificio, y no un estilo asentado de autor. Como si hubiera querida disfrazar de muy profunda una cosa bastante banal. Y que, creo yo, habría estado mejor como banal y punto.

O sea que es un libro decente, pero tan largo que honestamente es mejor ir a otro… o probar con otros de Trueba más cortitos, que es lo que pienso que tendría que haber hecho yo.

Lo que dice la contraportada:

Sylvia cumple dieciséis años el día en que comienza esta novela. Para celebrarlo organiza una falsa fiesta que sólo tiene un invitado. Horas después sufrirá un accidente que significará su entrada en la vida adulta. Su padre, Lorenzo, es un hombre separado que trata de superar el abandono de su mujer y el fracaso laboral. Ariel Burano es un joven jugador de fútbol que deja Buenos Aires para fichar por un equipo español. Con su superdotada pierna izquierda, será cuestión de tiempo que el estadio coree su nombre. Y tiempo es lo que no tiene el anciano Leandro, que vive en esa época donde casi todo se derrumba. Éstos son los cuatro personajes principales de Saber perder. Con las relaciones entre ellos se trenza un relato de supervivientes, de poderosa pegada narrativa y rico en matices. Una mirada capaz de extraer humor y emoción en cada curva del camino, pero que reivindica, por encimade todo, la maravillosa aventura de vivir. Ésta es la tercera novela de David Trueba tras su irrupción con Abierto toda la noche, a la que Der Spiegel definió como «una orgía de carcajadas», y Cuatro amigos, un libro que vive un idilio continuado con los lectores desde 1999.

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Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza

Lo que digo yo:

Guiada por las risitas discretas de El Hubby me puse a leer este libro, primero a la vez que él -mientras no estaba -y luego ganándole en velocidad para acabarlo. Una especie de diario, a veces por horas, de un visitante a la Tierra. Desde las primeras líneas, el encanto de la novela –fácil de leer y de rápida absorción –está en la mirada extrañada que el protagonista tiene de las cosas más triviales. Una moto que no sabe qué es, un autobús que lo atropella varias veces hasta que aprende que es un peligro… cada cosita de esas que damos por sentadas está cuestionada.

Creo que es un libro perfecto para el verano: ligero sin ser estúpido, de fácil lectura pero con un par de cuestionamientos en medio, con la extensión perfecta para que el recurso que utiliza el autor no se agote.

Lo que dice la contraportada:

Perdido en la Barcelona preolímpica, el extraterrestre Gurb pone al servicio de su supervivencia la extraña cualidad de adoptar el aspecto que le plazca. Se pierde con la apariencia de Marta Sánchez, mientras su compañero alienígena inicia la búsqueda en la jungla urbana. Por su diario personal vamos conociendo las increíbles peripecias de un extraterrestre en Barcelona.

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Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarria

Lo que digo yo:

Ultima oportunidad. He leído muchos libros de la Extebarria. Muchos. Suficientes para decir que este es el último que leo. No porque sea malo, no porque me haya aburrido… simplemente porque nunca la he disfrutado realmente. Es como un vicio, en resumen. La leo porque no puedo evitarlo, porque me leo una novela suya y prometo no volver; cuando me doy cuenta estoy en la librería comprando otra.

Sobre esta en específico, hay poco que decir. Es entretenida, aunque lenta a ratos. Un poco más de lo mismo: sexo, drogas, mujeres en conflicto, enfermedades mentales y rock and roll. Promete más de lo que da… el conflicto es una variación de los que ya me ha contado la autora otras veces. Los personajes –a pesar de que evidentemente están escritos con otra óptica –son olvidables.

Podría haber vivido perfectamente sin este libro, aunque le agradezco haberme provocado a cerrar el ciclo Extebarria.

Y, ante todo, me quedo con la duda… ¿ESTE es un Premio Nadal?

Lo que dice la contraportada:

Tres mujeres: Cat, lesbiana convencida; Mónica, devorahombres compulsiva, y Beatriz, que considera que el amor no tiene género. Tres momentos de la vida de una mujer: su infancia, encerrada en un hogar claustrofóbico y escorado entre las presiones familiares; su adolescencia, una permanente huida hacia delante, y su juventud como exiliada sentimental, teñida de la nostalgia hacia su ciudad natal. Y dos ciudades: Edimburgo, sombría y vertical, y Madrid, horizontal y luminosa, para una novela sobre el amor a los amigos, a la familia y a los amantes.

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Las amigas imperfectas, de Luis del Val

Ed. Alianza
360 págs.

Lo que digo yo:
Luis del Val empieza confesando que el libro es producto de un diskette con unas “confesiones” encontrado por ahí. Explica que nadie lo reclamó a pesar de sus intentos por devolverlo. Mi disposición positiva bajó tras dicho prólogo, por la sencilla razón de que no me parece justo que se haya apropiado de una historia ajena. Pero, digamos que le creo cuando dice haber hecho lo posible.
En todo caso, la historia me parece interesante. Dos amigas, distintas, que desde niñas van haciéndose cómplices la una de la otra, pero que de alguna manera no pueden salvar la distancia que les crea la personalidad, la vida, los años.
La escritura es impecable, del Val es un correctísimo redactor. Se queda corto, pienso, en la profundidad de las historias. El libro es muy entretenido, pero hasta cierto punto predecible. No tiene motivos evidentes para saltar de una página a la otra, sin embargo te logra apresar. Así que me veo dividida en mi opinión. Lo dejo en lo real, que es que lo disfruté, sin que me cambiara la vida.

Lo que dice la contraportada:
“Julia llegó al colegio una mañana de febrero”, nos cuenta Luis del Val, y a partir de ese momento la vida de Clara cambiará por completo, casi tanto como la vida de una familia, una ciudad y un país en los últimos treinta años. Las amigas imperfectas, es una historia de amistad y complicidad, de entendimiento de desencuentros, entre dos mujeres muy distintas, desde la infancia hasta la madurez.
Un relato sobre las ansias de vivir y la incesante búsqueda de la felicidad. Pero también es la historia de un cadáver familiar oculto en el armario demasiados años. Y de un sueño incumplido. Y de una promesa rota. Narrada con un estilo tan personal como característico, llena de benevolente ironía y amable lucidez, esta novela supone el retorno de Luis del Val a su faceta más literaria, que revalida una sólida trayectoria como narrador y fue galardonada con el XXXV Premio de Novela Ateneo de Sevilla.

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La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones.

Colección Debols!llo
677 páginas

Lo que dice El Hubby:
Durante dos años lo vi en los escaparates de las librerías y me resistí a comprármelo. Al fin sucumbí a la presión mediática y se lo pedí a mi mujer por Sant Jordi, y me alegro de haberlo hecho. El título despista. Escuchaba “La Catedral del Mar” y me olía a sucedáneo de “Los Pilares de la Tierra” de Ken Follet, pero estaba completamente equivocado. Es una de esas contadas novelas históricas que cumplen su función, la de hacerle a uno reflexionar sobre el presente mirándose en el espejo del pasado. Dista de ser el mejor libro que he leído este año, pero lo disfruté de tapa a tapa.

Lo que dice la contraportada:
La ciudad de Barcelona se encuentra en su momento de mayor prosperidad; ha crecido hasta la Ribera, el humilde barrio de los pescadores, cuyos habitantes deciden construir, con el dinero de unos y le esfuerzo de otros, el mayor templo mariao jamás conocido hasta entonces: Santa María de la Mar. Una construcción que es paralela a la azarosa historia de Arnau, un siervo de la tierra que huye de los abusos de su señor feudal y se refugia en Barcelona, donde se convierte en ciudadano y con ello, en hombre libre. El joven arnau trabaja como palafrenero, estibador, soldado y cambista. Una vida extenuante, siempre al amparo de la catedral de la mar, que le iba a llevar de la miseria del fugitivo a la nobleza y la riqueza. (la contraportada sigue diciendo cosas, pero te destripa medio libro)

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Fuenteovejuna, Lope de Vega

Colección Mil Años de Literatura
El Periódico
249 págs.

Lo que digo yo:
Hace diecisiete años mi profesora de Español de primer año de cole nos puso esta obra como obligatoria. La idea de leerla me crispaba los nervios, pero entonces ella hizo algo muy inteligente: en grupos, debíamos idear una forma original de presentar un acto. Inmediatamente, todos, sin excepción, leímos el clásico con gusto y entusiasmo. Tanto que ahora que me tocó releerla, me maravilla el haberla entendido y disfrutado… sobre todo porque la relectura me resultó muy pesada.

Aparte de lo genial del monólogo de Laurencia, después de que la viola el Comendador y ella quiere que el pueblo entero se levante a defenderla, me parece bastante densa y aburrida. Con todo el respeto para Lope.

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Nada, de Carmen Laforet

Destino 276 págs.

Lo que digo yo:
Por alguna razón, las historias de familias complicadas siempre me han interesado. Supongo que tendrá mucho que ver con que mi familia extendida, al ser tan grande, siempre ha mostrado las debilidades universales de intrigas, pasiones excesivas, secretos a voces y demás.

La novela de Laforet me gustó mucho. La disfruté, me creó atmósferas, situaciones. Fue fácil situarla, además, porque habla de calles que conozco de Barcelona, aunque me las retrató como un paisaje de posguerra. Pero no una posguerra caótica con edificios en ruinas ni mucho menos, si no como una ciudad que despierta –aún aperezada –de una situación donde las vidas siguen pero sienten las consecuencias. Personajes lejanos a la perfección, incapaces de salir (o incluso provocando) una asfixia claustrofóbica.

Está muy bien escrita, con la ventaja de que –aunque se notan los visos de época –no resulta pesada… todo lo contrario.

Lo que dice la contraportada: Andrea llega a Barcelona para estudiar Letras. Sus ilusiones chocan, inmediatamente, con el ambiente de tensión y emociones violentas que reina en casa de su abuela. Andrea relata el contraste entre este sórdido microcosmos familiar -poblado de seres extraños y apasionantes- y la frágil cordialidad de sus relaciones universitarias, coentradas en la bella y luminosa Ena. Finalmente los dos mundos convergen en un diálogo dramático.

Comparada por la crítica con Cumbres borrascosas, Nada destaca tanto por su prosa fresca y directa como por la extraordinaria sensibilidad en la recreación de una voz femenina. Cuando el libro acaba, el lector tiene la seguridad de poder encontrar, al volver la esquina, a una muchacha pálida y triste, con toda la fuerza de su juventud condensada en el mirar. Es Andrea, absorta, queriendo algo, sin saber qué. Como el resto de los protagonistas, ha nacido a la vida real por un prodigio de la creación artística. Prodigio más que suficiente para formar parte de la Historia de la Literatura.

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Estaciones de paso, Almudena Grandes

Tusquets
288 páginas

Lo que digo yo:

El libro está compuesto por cinco relatos: Demostración de la existencia de Dios, Tabaco y negro, El capitán de la fila india, Receta de verano, y Mozart, y Brahms, y Corelli. Ahora que los listé me queda muy claro cuáles funcionan y cuáles van renquitos.

El primero es divertido, pero me dio la impresión de ser un buen arranque que se quedó en eso nada más. Es como haber leído un argumento de una historia genial, pero en la que no te dan los detalles. A lo mejor esa era justamente la idea de la autora, que todo eso adicional fuera trabajo del lector.

Tabaco y Negro me resultó fácil de leer, bueno, como todos… es un libro que va, fluido y sin problemas. Lo que pasa es que la tauromaquia y yo no somos muy amigas y este va un poco de eso. También habla de relaciones humanas, de personas, de sueños… pero parte de una base que a mí ya no me atrae.

El tercero está bien. No tengo mucho más qué decir porque es del que menos me acuerdo.

Receta de verano es genial. Una chica que crece, una madre que sale de su capullo, un papá vegetal. Una receta de pudin de atún que va en crescendo y que se transforma con la protagonista. Es hermoso.

El último es divertido. También surge de un tema que podría no ser políticamente correcto… una panda de muchachillos que se van a Casa de Campo a ver prostitutas, sobre todo una colombiana llamada Fernanda que los trae de la nariz. Y su hermana, gorda y fea como el protagonista de la historia. Este me gustó por el detalle con que me parece que humaniza a todos los personajes. Al menos yo les vi, con lujo de detalles, podría decir hasta qué voz tienen y cómo caminan.

Está bien… sobre todo me dio muchas ganas de seguir leyendo a Almudena Grandes, ya veremos qué me deparan otros libros suyos más extensos.

Lo que dice la contraportada:

Tal vez las verdaderas experiencias emocionales, las que nunca se olvidan, sean las que se producen en la adolescencia, ese territorio quebradizo en el que uno se asoma por primera vez a la vida adulta. Estaciones de paso recoge cinco historias de adolescentes abocados a vivir circunstancias que les sobrepasan, pero que, sin sospecharlo, acabarán forjándoles como adultos. Son historias de determinación y coraje, de conflicto con el entorno familiar, pero también de amor, de educación sentimental y de formación de la conciencia.

Como el muchacho de «Demostración de la existencia de Dios», que mediante el relato ingenuo de un partido de fútbol narra su tragedia. O la joven que en «Tabaco y negro» se siente heredera de un don y de un oficio legendarios. O Carlos, que evoca en «El capitán de la fila india» las vacaciones que vieron nacer su compromiso político. O Maite, que en «Receta de verano» cocina su confusión interior mientras cuida de un padre inválido. O Tomás, que en «Mozart, y Brahms, y Corelli» consigue seducir a una mujer tan bella que era pura música.

En Estaciones de paso, Almudena Grandes ofrece una galería inolvidable de jóvenes, aturdidos y desorientados, pero empeñados en salir adelante, magistralmente retratados aquí a partir de pretextos tan dispares como el fútbol, los toros, la política, la cocina o la música…

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Donde las mujeres, Álvaro Pombo

Lo que digo yo

Movida por la lectura de “La fortuna de Matilda Turpin”, que no fue una cosa impresionante pero me dejó buen sabor de boca, decidí entrarle a otro libro del autor. Empecé Donde las Mujeres con muchas ganas, las primeras páginas prometían. Pero entre la página 5 más o menos y la 100, la lectura fue un calvario. ¿Por qué seguí leyendo? Porque trato de ser disciplinada y acabar todos los libros que empiezo a menos de que me sea absolutamente insoportable.

Lo aburrido de esa parte del libro es que Pombo se regodea a veces en la complejidad, pero en ese estilo de “oh, qué sabio soy” que tienen los escritores muy estudiados, andados y, por lo visto, poco modestos. Me recordó el ejemplo que pone mi papá sobre el tema, del tipo que dice “líquido perlático de la consorte del toro” en vez de “leche”.

Pero… contra todos los pronósticos, mi interés fue creciendo conforme me alejé de la página 100. No me atrevo a decir que devoré el resto del libro, porque realmente no fue así, pero si fuera por la segunda parte diría que es un libro buenísimo. Pero la primera parte está ahí para equilibrar, por lo tanto: está bien. Nada imprescindible, pero no me arrepiento de haber terminado.

Lo que dice la contraportada

En esta magnífica novela, galardonada con el Premio Nacional de Narrativa, Álvaro Pombo describe el esplendor y la decadencia de lo que parecía una unidad familiar que se imagina perfecta. La narradora, la hija mayor de la familia, había pensado que todos su excéntrica madre, sus hermanos, su aún más excéntrica tía Lucía y su enamorado alemán eran seres superiores que brillaban con luz propia en medio del paisaje romántico de la península, una isla casi, en la que vivían, aislados y orgullosamente desdeñosos de la chata realidad de su época. Pero una serie de sucesos y el desvelamiento de un secreto familiar que la afecta decisivamente, descubre a la narradora el verdadero rostro frío, práctico, tiránico, y a la postre venenoso de los mitificados habitantes de aquel reducto en el que «los padres, los maridos, los hombres, dan lo mismo. Son intercambiables». Una revelación que cambiará irremisiblemente el sentido de su vida.

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La segunda mujer de Luisa Castro

Lo que digo yo:

El planteamiento de la historia en sí es bueno… una mujer de veintipocos que se enamora de uno de cincuenta y muchos y se va enredando en una vida tóxica. Pero la forma en que la autora la cuenta me pareció extremadamente cansina y errática. Para empezar el arrebato de la supuesta historia de amor no me la creo, no fluye, si no que te la lanzan a la cara y te toca asumirla. Y sus diálogos son cursis, forzados, difíciles de tragar con naturalidad. Desde mi punto de vista le falta profundidad en lo que parece pretender, que es retratar la sicología de una pareja con esquema de subyugado- subyugador.

De hecho es de esos libros que me hacen pensar que NO debería leer completo todo lo que empiezo, a veces es perder el tiempo.

No entiendo cómo ganó el Premio Biblioteca Breve 2006 y como lleva tantas copias vendidas como para ser edición de bolsillo.

Lo que dice la contraportada:

Julia es una veinteañera de origen humilde que está saboreando el éxito de su carrera. Gaspar es un burgués catalán de 57 años que necesita volver a sentirse vivo. Cuando se conocen se entusiasman con un amor a primera vista que irá ensombreciéndose por la diferencia generacional y social.

Tan llena de pasión como de descarnada lucidez, la historia atrapa provocando intensas reacciones contrapuestas, y sortea con rigor y dignidad los problemas del siempre difícil género del realismo, logrando una óptima e inolvidable plasmación ética y literaria

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