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Las correcciones, de Jonathan Franzen

Lo que digo yo: franzen

Da gusto esta novela. Pero mucho… muchoooo gusto. Los primeros capítulos son difíciles, algo espesos, pero sobre todo porque se necesita un tiempecillo para tomarle la temperatura a la novela y al tipo de narración. Pero una vez que empiezas, fluye.

El autor tiene la destreza de ir mostrando las relaciones familiares desde el punto de vista de cada miembro. Así, conocemos de cerca la realidad de los tres hijos del matrimonio Lambert y de la propia pareja. Lo hace, además, con claridad y buen sentido del humor. Los personajes son justamente los que nos hacen ver la historia y el tema… es decir y en resumen, que Franzen se toma su tiempo para definir con detalles a los personajes, y gracias a esto, vemos el cuadro completo.

Lo que más me gustó, sin echar a perder el libro para nadie, es que Franzen pasa de situaciones graciosas a tristes, gira tu percepción de los personajes cuando menos te lo esperas y te hace reflexionar.

Recomendado al cien por cien.

Lo que dice la contraportada:

Ésta es la historia de los Lambert, una familia normal: Alfred, un ingeniero retirado al borde del caos mental y físico de un Parkinson terminal; Enid, su mujer, obsesionada con reunir en casa a sus tres hijos durante una última cena de Navidad; Chip, un ex profesor despedido por acostarse con una alumna, que emprende negocios turbios en Lituania; … El prodigio de esta novela es la secreta conexión entre el universo de los Lambert y el resto del mundo, la Norteamérica de los últimos noventa, un país irascible que se tambalea hacia un nuevo milenio.

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El mundo después del cumpleaños, de Lionel Shriver

Ed. Anagrama
704 págs.

Lo que digo yo:

Desde que leí Tenemos que hablar de Kevin, una de mis novelas favoritas, he estado buscando otras cositas de Shriver qué devorar. Guiada por Nür, otra admiradora de Kevin,  decidí leer esta novela. No sé si por el impacto de la novedad o por la maestría de aquel libro, creo que la propia autora debe vivir con la sombra de su novela anterior. Esta no es mejor, incluso diría que no es igual de intensa, pero casi.

Y tiene mérito, mucho diría yo… los mecanismos en algunos aspectos son similares: la autora presenta las dos caras de la moneda, las aristas de sus personajes, las situaciones en que pueden verse forzados a pensar o decidir de una manera u otra. En este caso, lo lleva al extremo y, a partir de un momento concreto, nos va dibujando las variantes de un mismo asunto.

Lo que más me gusta de Shriver es que tiene la capacidad de hablar de los temas “de siempre” o candentes de una forma en que te parece que es novedosa. Y los personajes viven esa situación como si fueran los únicos en el mundo que les ha pasado.

En fin, que me gusta mucho Shriver, es una novelista apasionada, con sentido del humor, detallista, ágil en la construcción… espero con ansias otras novelas suyas. Como Nür, con esta novela constato que es una de mis autoras favoritas.

Lo que dice la contraportada:

Irina y Lawrence son dos americanos que viven en Londres. Desde hace cinco años, el día del cumpleaños de su amigo Ramsey Acton, cenan con él. Irina se compadece un poco de Ramsey, un jugador profesional de snooker, que está solo desde su divorcio –o eso es lo que ella cree–, y siempre ha evitado quedarse a solas con él. Llega el día del cumpleaños, Lawrence, ausente en un viaje de trabajo, insiste en que Irina cene con Ramsey. Ella no tiene ninguna gana, pero van a un refinado restaurante japonés, y después a casa de él. E Irina descubre a un Ramsey desconocido, y lo que iba a ser un encuentro inocuo se convierte en la divisoria de las aguas, en ese instante único en que la decisión que se tome cambia para siempre la vida. Shriver, en un giro inesperado,conduce a los protagonistas de su novela y al lector pordos caminos simultáneos y alternativos, los dos futuros que se abren ante Irina…«Fascinará a cualquiera que se haya preguntado algunavez qué habría pasado si hubiera seguido, o ignorado,uno de esos impulsos que cambian la vida» (Francine Prose, People)

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Lecciones de abstinencia, de Tom Perrotta

Ed. Salamandra

384 págs.

Lo que digo yo:

Me gusta Tom Perrota, la verdad. Me gusta su criticidad hacia la sociedad estadounidense, pero que podría ser cualquier sociedad cerrada y conservadora. Me gusta el estilo de escritura, de hecho tengo ganas de leerlo en inglés.  Y como tanto me gusta, esta novela la disfruté.

Básicamente se fundamenta en el retrato de uno de esos barrios “bien” que Perrotta prefiere retratar. Poco a poco vamos viendo como la apacible primera mirada se convierte en una crítica detallada de los componentes de esa sociedad, de sus valores y prioridades.

Lo genial del libro (que tampoco es un libro genial, ojo…) es que el autor consigue no hacer demasiado evidente su propia opinión. Es decir, yo sé perfectamente de parte de cuál personaje estaba Perrotta cuando escribió la novela, pero también está claro que te pone a los dos personajes principales bajo la lupa, a ambos. No hay buenos, ni malos… como mucho hay gente razonable, fanáticos, gente con necesidades espirituales que sacia con la religión y gente con necesidades espirituales que mira a otra parte.

Lo leí rápido, lo disfruté… eché de menos más acción, más giros… pero eso ya son puñetas.

Lo que dice la contraportada:

La educación sexual en la escuela en un ambiente cargado de puritanismo es la original propuesta de esta nueva novela de Tom Perrotta, uno de los más interesantes novelistas estadounidenses de la actualidad. Definido como «un Chejov americano» por The New York Times Book Review y aclamado por su maestría para retratar con inteligencia y sensibilidad las aflicciones de la vida contemporánea, Perrotta tiene ya dos novelas trasladadas al cine con éxito, una de las cuales, Little Children —Juegos de niños, publicada también por Salamandra—, mereció tres nominaciones al Oscar.

Recientemente divorciada, madre de dos niñas y mujer independiente y decidida, Ruth Ramsey es profesora de educación sexual en una escuela del imaginario Stonewood Heights, un idílico entramado de casas con jardín cuyos habitantes conviven en un ambiente de tolerancia y moderación. Sin embargo, un comentario casual de Ruth a sus alumnos desata las protestas de los feligreses de una iglesia evangélica local, el Tabernáculo de la Verdad Evangélica, que no tardarán en pedirle a Ruth que cambie el enfoque de sus clases y promueva exclusivamente la castidad. Y por si esto fuera poco, Ruth se verá obligada a plantar cara al entrenador del equipo de fútbol de su hija, el agraciado y carismático Tim Mason, un ex alcohólico que ha reconducido su vida con el apoyo y el consejo del pastor del Tabernáculo. Si en Juegos de niños Tom Perrotta tejía un hilarante relato de vicios privados y públicas virtudes, en Lecciones de abstinencia retrata con gran empatía y sin prejuicios las dos caras de una apasionante controversia, en la que dos personas que creen estar en terrenos irreconciliables descubren las ventajas de no dejarse guiar por las apariencias.

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La carretera, de Cormac McCarthy

Lo que digo yo:

Como no he leído nada más del autor, me cuesta un poco discernir qué corresponde al estilo del autor y qué es del libro. En todo caso, McCarthy te pone un poquito a prueba en las primeras páginas: lenguaje con tintes poéticos, casi cifrado, casi telegráfico. Hay frases cortas, incluso sin enlazar con las anteriores. Sin embargo, una vez superado el shock inicial por el estilo (y viniendo de la lectura de libros mucho más sencillos en construcción), la verdad que te dejas llevar.

Un chico y su padre vagan por los bordes de una carretera. Son dos de los pocos sobrevivientes de algo terrible que McCarthy no explica, pero que tampoco hace falta. La lucha por encontrar comida, aunque es la misma cada vez que les acaban las provisiones, adquiere matices diferentes cada vez. Es decir, cada paso que dan es una prueba de lo difícil que es seguir vivos. Sin ser catastrófica, de alguna manera es una metáfora de la vida.

Hablábamos con el profesor de Escritura Creativa justamente de eso, del acto de supervivencia que significa levantarse cada mañana y llegar al trabajo, o ir a estudiar… de los peligros escondidos detrás de cada esquina y que obviamos, gracias a nuestro automatismo asimilado. McCarthy hace el ejercicio contrario, le da peso a cada manzana medio seca que se comen, a la presencia del “otro” que es siempre una amenaza.

Creo que hay momentos en que exige demasiado del lector, justamente por el estilo… pero no creo que sea negativo, es una opción estética del autor.

En todo caso, vale la pena.

Lo que dice la contraportada:

La carretera transcurre en la inmensidad del territorio norteamericano, un paisaje literalmente quemado por lo que parece haber sido un reciente holocausto nuclear. Un padre trata de salvar a su hijo emprendiendo un viaje con él. Rodeados de un paisaje baldío, amenazados por bandas de caníbales, empujando un carrito de la compra donde guardan sus escasas pertenencias, recorren los lugares donde el padre pasó una infancia recordada a veces en forma de breves bocetos del paraíso perdido, y avanzan hacia el sur, hacia el mar, huyendo de un frío «capaz de romper las rocas».

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She’s come undone, de Wally Lamb

Lo que digo yo:

Primero, y como me pasa tantas veces… el autor nos pone enfrente un personaje-persona. Dolores Price, desde pequeña, tiene sus particularidades, su visión de mundo… La ves con sus defectos de carácter, de comportamiento, con sus fallas tan humanas que esperas encontrártela en el supermercado, con el carrito intentando pasar desapercibida.

Aún con los tópicos de los que el autor echa mano (que no digo cuáles son para no arruinar una posible lectura), hay una profundidad en la manera que las plantea y en cómo las vive el personaje. A veces, como también me pasa con libros apasionantes, quieres meterte en las páginas y ayudarla a decir “te quiero” o a ver a los otros personajes con una lente más amplia que la que ella tiene.

Una de las cosas que más me impactó es cómo te engañan… o no, no es eso, es más bien que el lector es quien debe decidir qué pensar de los personajes. A veces te los muestran desde un punto y luego reconoces que tenías la visión sesgada, a veces piensas una cosa de la protagonista, y al adquirir más datos, lo ves con otros ojos. Es difícil de explicar, en fin, que está súper bien escrito.

A pesar de las 500 páginas del libro, la historia fluye… y se quedan partes ahí ancladas en el estómago, en el corazón… de hecho confieso que al terminar un capítulo hacia la mitad se me salieron las lagrimillas. Eso y hacer reír me parece siempre un logro del autor, uno de esos que cuestan, porque sólo se consigue cuando parece que no lo quieres. O sea, en cine es más fácil y siempre hay una musiquita que ayuda. En las novelas, todo está confiado en las palabras. Y el autor, en este caso, saca matrícula. De lo mejor que he leído en los últimos tiempos.

Lo que dice la contraportada:

She’s Come Undone. “”Mine is a story of craving: an unreliable account of lusts and troubles that began, somehow, in 1956 on the day our free television was delivered….”"

Meet Dolores Price.She’s 13, wise-mouthed but wounded, having bid her childhood goodbye.Beached like a whale in front of her bedroom TV, she spends the next few years nourishing herself with the Mallmomars, potato chips, and Pepsi her anxious mother supplies.When she finally rolls into young womanhood at 257 pounds, Dolores is no stronger and life is no kinder.But this time she’s determined to rise to the occasion and give herself one more chance before “really going belly up.
In this extraordinary coming-of-age odyssey, Wally Lamb invites us to hitch a wild ride on a journey of love, pain, and renewal with the most heartbreakingly comical heroine to come along in years.At once a fragile girl and a hard-edged cynic, so tough to love yet so inimitably lovable, Dolores is as poignantly real as our own imperfections.”She’s Come Undone” includes a promise: you will never forget Dolores Price.

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Fantasmas, de Chuck Palahniuk

Lo que digo yo:

Había leído un solo libro de Palahniuk antes de este: Asfixia. Rápidamente me di cuenta que es de esos autores que leo, sin mucha dificultad, y que aborrezco y me entretienen a la vez. No en vano tardé varios años en volver a él. Así, con Fantasmas empecé con cierto recelo, esperando encontrarme la fórmula sexo-drogas-rock and roll.

Y bueno, no es eso, aunque sí es un poco vísceras-maldad-personajes decadentes. Una variante, digamos, más o menos acertada.

Me explico: la novela no es exactamente novela. Es más bien un libro de cuentos hilado con una trama más bien patillera.

El autor, no la historia que cuenta, encierra a unos cuantos escritores en potencia. No pueden salir de donde están y se dedican a contarse historias. Ya con esto empecé a enojarme un poco, soy talvez un poco obsesiva, pero una novela es una novela, no unos cuentos pegados con crazy blue. Lo segundo que me molestó es justamente que esta estructura a veces le juega en contra. A él y al lector. Cuando estás enganchándote a una de las historias se acaba y empieza otra. Con suerte la siguiente te entretiene suficiente, pero no siempre lo consigue.

Por el lado bueno, sin embargo, las historias que son interesantes te atrapan. Algunas me quitaron el hambre. Y no es metáfora, dejé de cenar un par de veces por las imágenes que me instaló Palahniuk en el cerebro. Y esa sea probablemente su mayor virtud: lo que cuenta adquiere un peso enorme en la cabeza. Creo que podría contar un par de ellas y con sólo pensarlas suficiente provocarme náuseas otra vez.

Ahora, eso no quita que reclame… la próxima vez, querido Palahniuk, titula el libro como antología de cuentos. No te cuesta nada. Te lo pido por favor.

Lo que dice la contraportada:

Un grupo de escritores acuden, tras leer un anuncio en la prensa, a un retiro para artistas donde supuestamente darán rienda sueltaa su imaginación. Inmersos en un escenario aislado de las preocupaciones mundanas, los escritores llegan dispuestos a escribir su obra maestra. No obstante, la colonia de escritores resulta ser un lugar apartado del mundo, un viejo teatro abandonado, donde la comida, la electricidad y los suministros básicos son bienes escasos. En estas condiciones precarias, los protagonistas comenzarán a escribir historias terroríficas hasta llegar a un grado de maquinación diabólico, y alzarse ante la masa como héroes de una película documental.

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Viajes por el Scriptorium, de Paul Auster

Lo que digo yo:

Me debato. No sé si me gustó el libro o no.

Cuando acabé, de hecho, lo único que dije fue “qué curioso… es un libro… curioso”. Y lo sigo pensando.

Está muy bien escrito, no esperaba menos de Auster, tiene personajes inquietantes, te mantiene interesado. El problema es muy sencillo, el autor –por una razón que desconozco –no resuelve las preguntas que el mismo planteó.

Un hombre encerrado en una habitación, entran y salen personajes, hay un misterio… todos los ingredientes están servidos para un libro magistral, pero no lo es.

Lo de curioso, de hecho, viene porque Auster logra hacer un cuadro de Escher en una novela. Y hasta aquí puedo leer. La pregunta que sigo teniendo en la cabeza es si esto tiene sentido, es decir, el ejercicio onanista puede ser intelectualmente estimulante ¿pero es la novela la mejor forma de reflexionar sobre la novela?

Lo que dice la contraportada:

Un hombre mayor está encerrado en una habitación. No recuerda quién es. Sobre el escritorio ve una pila de papeles cuya importancia no es capaz de descifrar. Ignora que le vigilan: lo que leemos es el informe de los movimientos de este amnésico al que llaman Mr. Blank y de las visitas que irá recibiendo. Una serie de personajes relacionados con su pasado pretenden ajustar cuentas con él. Otros le muestran su gratitud, como la mujer que le cuida, Anna (a quien está unido pese a haberle hecho algo terrible que no logra recordar). Cada visita proporcionará nuevas pistas sobre la identidad y el pasado de Mr. Blank. ¿Quién es realmente Mr. Blank? ¿Cuál es su relación con esos personajes que lo tienen encerrado? ¿De qué lo acusan? Uno de los manuscritos que hay entre los papeles del escritorio encierra la clave de su situación actual. La novela deviene entonces una mise en abyme donde resuenan ecos de las obras de Paul Auster.

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Un trabajo muy sucio, de Christopher Moore

Lo que digo yo:

Hice una lista mental de los fallos de “El ángel más tonto del mundo”. Aún así, me entretuvo tanto que decidí darle una segunda oportunidad al autor. Y… la verdad que diría que todos los fallos están trabajados y mejorados. Si en el primero se crean expectativas y se saca recursos de la manga, en esta novela, Moore se cuida de dosificar la información para mantener el interés y para que, aún con los recursos menos inverosímiles, acabemos entrando en el mundo ficticio que plantea.

Y no puedo decir nada más porque no tendría gracia, pero es muy muy divertido.

Lo mejor: la construcción del personaje de la niña. Lo menos currado: algunas partes del final se hacen largas. Pero es altamente recomendable para pasar un buen rato y no cansarse de descubrir el imaginario Moore.

Lo que dice la contraportada:

Charlie Asher es dueño de un edificio en San Francisco, tiene una tienda de objetos de segunda mano y está casado con una mujer guapa e inteligente que lo quiere por ser tan normal. Sí, a Charlie le van bien las cosas… hasta el día en que nace su hija, Sophie. Justo cuando se dispone a irse a casa, ve junto a la cama de su mujer a un extraño que asegura que nadie debería poder verlo. Pero Charlie lo ve y, de allí en adelante, comienzan a suceder cosas muy raras: la gente cae muerta a su alrededor, cuervos gigantes se posan en su edificio y parece que, allá donde va, oye susurros de una presencia siniestra. Sí, Charlie ha sido reclutado para un trabajo desagradable pero muy necesario: la Muerte. Es un trabajo sucio. Pero alguien tiene que hacerlo.

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El ángel más tonto del mundo, de Christopher Moore

Lo que digo yo

Moore me parece uno de los autores más intrépidos que he leído. El ángel más tonto del mundo parte de dos situaciones coincidentes graciosas y divertidas: un tipo vestido de Santa Claus se enfrenta a su exmujer, que roba árboles de navidad armada con una pala. Por otra parte, un ángel muy tonto baja del cielo, con la misión de cumplirle un sueño de Navidad a un niño. Pero el autor no se queda en una trama curiosa, sino que también construye personajes llenos de humor.

Lo que pasa es que no hace nada más que eso.

Así, Moore crea en la primera parte una serie de expectativas, que en la segunda parte, no se cumplen. Y esa es una de las cosas que menos soporto en un libro. No me vendas una idea y luego te olvidas de ella… Es decir, para no desvelar nada, es como que yo cuente una historia sobre manzanas y acabe hablando de coches de carrera. Conforme pasaron las páginas las historias me hacían más gracia, pero tengo la sensación de que se descuida el libro.

(Por cierto y para acabar, no es verdad que pueda comparársele con El Curioso Incidente del Perro a medianoche, no tienen nada pero nada que ver).

Lo que dice la contraportada:

Falta una semana para Navidad, pero no todo el mundo es feliz en el pueblecito de Pine Cove (California). El pequeño Joshua Barker necesita con urgencia un milagro navideño. Y no es que esté moribundo, ni que su perro se haya escapado de casa: es que Josh ha visto cómo a Santa Claus le abrían la cabeza con una pala. Ahora solo anhela una cosa: que el viejo barbudo regrese de entre los muertos. Lo que no puede imaginar es que alguien esté escuchando sus plegarias… Aunque no destaque por ser, precisamente, el más listo de los ángeles.
Solo a una mente como la de Christopher Moore se le podría haber ocurrido una historia tan hilarante como esta. Sus novelas se convierten en superventas de The New York Times y se publican en más de una docena de países. El fenómeno de El ángel más tonto del mundo, al que los lectores anglosajones empujaron a las listas de bestsellers de forma progresiva, ha sido comparado con el de “El curioso incidente del perro a medianoche”, de Mark Haddon.

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Middlesex de Jeffrey Eugenides


Lo que digo yo

Me gusta cuando de pronto me encuentro con una novela bien hecha. Es decir, que a nivel técnico, puramente formal, ya funciona. Durante muchos trozos de Middlesex tenía la impresión de estar recibiendo una lección de escritura de novelas, una buena lección. Si a esto le sumamos una historia interesante, con personajes de esos que me gustan a mí (los que logro imaginarme hasta cuando duermen), pues la lectura se vuelve placer puro.

Aunque parte de una premisa muy particular, una niña que nace como niño pero es criada como niña (me he liado, es hermafrodita, la crían como chica), la verdad que gran parte de las cosas que cuenta, de los problemas a los que se enfrenta y de las historias que te cautivan no tienen que ver con eso. Es decir, que podría ser una chica cualquiera y muchos de sus conflictos serían los mismos. Con esto quiero decir que el que sea hermafrodita es una excusa para ahondar en algunos temas, pero el autor no cae en la trampa fácil de quedarse ahí.

De esos libros que se gozan, que cuando llega el final hasta te da rabia. Y por supuesto, me pasa lo de siempre con los libros buenos… me da miedo llevarme una decepción y ahora no sé qué leer.

Lo que dice la contraportada

Cal Stephanides es agregado cultural en la embajada de los Estados Unidos en Berlín. Enamorado de una mujer pero temeroso de lo que pueda suceder en el momento de la verdad, cuando caen máscaras, velos y vestiduras, decide, ya en «la mitad del camino de la vida», contar su historia, revelar su secreto. Porque Cal, como Tiresias, ha vivido como mujer y como hombre. Todo comienza en 1922, cuando Desdemona y Lefty Stephanides, los abuelos de Cal, que vivían en una pequeña aldea cerca de Esmirna y pertenecían a la comunidad griega de Turquía, huyen tras la guerra entre estos dos países. Novela galardonada con el Premio Pulitzer 2003

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